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Hermenéutica
Hermenéutica
es una palabra de origen griego que viene a significar “expresión”
de un pensamiento en el sentido de explicación. Su uso se generalizó
a través del estudio de las Sagradas Escrituras con el significado
de “interpretación” y este es también el sentido actual y que usamos
en el contexto de este curso, tanto en su dimensión metodológica
como crítica.
Dentro de este significado
general de “interpretación”, el término hermenéutica tiene
también un desarrollo histórico que coincide con las manifestaciones
culturales de las distintas épocas. En el siglo XVI fueron
principalmente los intelectuales protestantes los que usaron la
hermenéutica en el contexto de sus estudios bíblicos. En el siglo
XIX, Wilhelm Dilthey (1839-1911) renueva los estudios hermenéuticos
proporcionando una metodología con la que pretendía dar rigor
“científico” a los estudios críticos; buscaba una interpretación
basada en los datos que contextualizan el texto, de tal modo que
nuestra comprensión (interpretación) de un texto tenga valor
universal. Ya en el siglo XX, para Martin Heidegger (1889-1976) la
hermenéutica es algo más que una metodología; el comprender deja de
ser una actividad para convertirse en la sustancia de toda
actividad humana. Hans-Georg Gadamer (1900-2002) proyecta la
hermenéutica como acontecer; es decir, lo que sucede en el momento
de la interpretación: comprender se presenta como “fusión de
horizontes”. Esta posición interpretativa es muy diferente a la que
practica Jacques Derrida (1930-2004), que asume el texto desligado
de su autor o lector, o sea como algo externo.
Desde una perspectiva histórica
podemos establecer una evolución en la hermenéutica que responde a
las necesidades del discurso de la modernidad, del
discurso de la posmodernidad y del discurso antrópico
(discurso del diálogo):
A) El discurso de la
modernidad corresponde a una época (siglo XVI hasta mediados del
siglo XX) en la que se daba preferencia al autor
(autoridad); es decir, se privilegiaba el punto de vista del
autor, e interpretar un texto era interpretar lo que el autor
quiso decir.
B) El discurso de la posmodernidad (último tercio del
siglo XX) se concentra en el texto (independiente del lector o
del autor); es decir, interpretar un texto era ir descubriendo
los múltiples posibles significados implícitos en dicho texto.
C) Finalmente, en nuestros días se impone el texto como
punto de encuentro, como lugar de diálogo; se privilegia al
lector como motivador de toda interpretación. La interpretación
depende de los objetivos con que el lector lee un texto.
Dos posiciones ante la
interpretación de un texto:
1) Todo acto de
interpretación puede ser una apropiación del texto a interpretar
en la intimidad del lector, indiferente a cualquier proceso de
deconstrucción (Derrida) e incluso indiferente a la historicidad
del texto (Dilthey); en estos casos dominan las razones
subjetivas del lector. Por ejemplo, la interpretación de la
pintura de un paisaje en un cuadro en un museo, que me recuerda
un viaje por las montañas. En este caso, veo el cuadro a través
de mi memoria y de las emociones que esa memoria produce en mí.
2)
Pero el acto hermenéutico se efectúa también cuando la
interpretación del texto responde a objetivos precisos de
comunicación, en los que dominan ya elementos externos al lector
y que éste comparte con quienes desea comunicarse (en el caso
del ejemplo anterior de la pintura de un paisaje, sería ver como
el pintor construye los colores de los árboles y de la roca, la
técnica que emplea, el juego de luz y sombra, etc.). La
perspectiva sigue siendo también en estos casos la del lector,
pero puede manifestarse en procesos extremos de objetivación.
Esta aproximación hermenéutica es la que seguimos en este curso.
Buscamos la interpretación individual del lector, pero la
formulamos con elementos externos a nuestra subjetividad; es
decir, la formulamos con elementos del texto o del contexto que
los demás lectores también pueden reconocer.
(Gómez-Martínez)
Proyecto Ensayo Hispánico
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