Carlos Soria Galvarro
Entrevista a
Guillermo Francovich
"No
podemos seguir a merced
de otros, tenemos que crear"
Francovich
Desde su ventana contempla todos los días el mar y todavía pasea
muy erguido por la playa de Ipanema, en Río de Janeiro. Al
cumplir los ochenta, había dicho que el hombre a esa edad ya
hizo todo lo que de él podría esperarse. Pero él sigue oteando
la aventura espiritual del hombre y no abandona la idea de
seguir publicando sus libros. A pedido de un profesor francés ha
escrito recientemente un trabajo sobre el pensamiento
latinoamericano que pronto aparecerá editado. Es el mayor
filósofo de Bolivia y va a cumplir 90 años en el próximo enero.
Nos recibe con extrema amabilidad y no esconde su alegría por
conversar con alguien llegado de la patria. La ubicación de su
departamento, en el barrio más lujoso de la capital carioca,
contrasta con sus muebles antiguos, la gran pila de libros de
empaste modesto (seguramente la mayoría bolivianos) y la luz
mortecina del ambiente. Muestra unos cuadros de Chagal, que él
mismo reproduce a mano para distraerse (“no vaya a creer que
tengo habilidades de pintor, es simplemente que me resulta fácil
hacerlo, por los colores primarios y los trazos fuertes que este
artista utiliza”, nos aclara). Una vez instalados, bebe con
nosotros un ron con Coca-cola e inquiere por las cosas de
Bolivia. “¿Cómo lo está haciendo el nuevo presidente que esta
semana estuvo aquí en el Brasil? ¿Qué ha sido de Paredes
Candia... Torres Goitia... Solón Romero... cómo está el padre
Juan Quirós?...”
Excepto por una pequeña molestia asmática, refiere que se
encuentra bien de salud pero que de todas maneras, “por el
momento”, no tiene planes de viajar a Bolivia. “Probablemente
cumpla aquí mis 90 años...”. Entonces tendría que
organizarse desde Bolivia una peregrinación aquí para esa fecha,
le digo. “No creo que valga la pena una cosa así”,
responde y cambia prestamente de tema.
“En Sucre pasé gran parte de mi vida... allí estudié, allí
escribí las cosas más importantes que he publicado... mantengo
el amor y el cariño que un hijo tiene por la madre tierra... Me
encanta la ciudad y soy un admirador de sus personalidades, de
sus hombres y de su historia que es muy rica, ¿no?”.
Tal su evocación cuando le motivamos a hablar de su ciudad
natal.
Es difícil poner en pocas líneas una vida tan fecunda. Guillermo
Francovich fue catedrático y rector de la Universidad San
Francisco Xavier. Cumplió diversas funciones diplomáticas.
Candidateó a la Vicepresidencia de la República en 1947. Por una
década comandó, desde La Habana, la sección para el hemisferio
occidental de la unesco.
Sus obras de teatro lo consagran como a un excelente dramaturgo.
Pero, por encima de todo, es un filósofo, como él se reconoce a
sí mismo. Un pensador. Un historiador de las ideas. Basta
iniciar una conversación con él para verificarlo.
* * *
Don Guillermo, en Bolivia, cuando se pregunta por el nombre de
un filósofo representativo del país, se lo nombra generalmente a
usted. ¿Es esto exacto, la filosofía ha sido su actividad más
sobresaliente?
Comenzaré por decirle que el trabajo que va a aparecer en
Francia, en el volumen sobre el pensamiento latinoamericano,
trata no solamente de filosofía, yo he querido hacer algo así
como un esbozo de la actividad intelectual y de las
preocupaciones actuales de América Latina. Allí yo hablo del
tema de la creación de una filosofía latinoamericana. Y no es
que no haya existido. Hubo una filosofía latinoamericana
vigorosa, tan vigorosa que fue la creadora de la independencia.
Las universidades enseñaban en la Colonia la filosofía de Santo
Tomás, pero ¡cosa muy importante! daban a los alumnos
preparación para pensar. Y ellos pensaron. Supieron evadirse del
campo académico escolástico para entrar en el conocimiento del
pensamiento de la época y de ese modo esos jóvenes fueron
influidos por el enciclopedismo. Ese pensamiento creó los
dirigentes y la orientación hacia la democracia representativa
que ha caracterizado a la América Latina. No hubo problemas en
cuanto a esto, porque había ya un espíritu creado por la
universidad, elaborado por los jóvenes de ese tiempo de acuerdo
con las necesidades de la época. Antes que otros países
coloniales del mundo, América Latina se liberó hace casi ya dos
siglos. América Latina es libre, independiente y democrática
porque un pensamiento universitario le dio capacidad para ello.
Cuando estuvieron en Chuquisaca, Bolívar y su maestro Simón
Rodríguez dieron las bases para la nueva educación republicana,
con una mentalidad completamente revolucionaria para la época,
una mentalidad enciclopedista; la escolástica había sido
vencida. Ese antecedente histórico hace que nosotros debamos en
gran parte la existencia de nuestros países a ese influjo. Y
ocurrió que con las medidas adoptadas por Bolívar y su maestro
Rodríguez, la filosofía pasó a ser una disciplina de los
colegios, los estudiantes debían estudiarla, es decir, pasaban a
repetir el texto de algún profesor francés que estaba de moda.
Esa posición de antifilosofía se generalizó en el país, de modo
que durante toda la época republicana no hemos tenido una
filosofía sino que la hemos recibido de afuera, la hemos
aprendido de memoria. Todos los que pensaban en esa época, y
quizá hasta ahora realmente, no eran autodidactas. Leían libros,
los aprendían y los repetían. No hubo en la época republicana
una formación filosófica auténtica, creada por la discusión y
por el estudio.
Yo escribí una vez en Pachamama, una reflexión sobre el
porvenir de la cultura, que estamos completamente a merced de
las ideas de otros países. No podemos seguir así. Tenemos que
crear.
¿Se confirma entonces el sentido de mi pregunta, es usted
fundamentalmente un pensador, un filósofo?
Bueno. Yo creo que sí. Desde hace unos 20 ó 30 años ha ido
naciendo una tendencia que está influyendo en el pensamiento
latinoamericano, en uno de los temas más importantes y más
serios: llegar a crear un pensar activo, efectivo y en lo
posible autónomo (en lo posible, porque no puede serlo
completamente, la filosofía no es algo que se pueda inventar
así, de repente).
Yo creo que he contribuido a esa corriente con mis estudios
sobre el pensamiento político boliviano. Y, claro, estos aportes
están asociados a la labor que han venido haciendo muchos otros
pensadores latinoamericanos en los últimos años. La consecuencia
es, probablemente, yo diría un renacimiento filosófico en
América Latina que mucha falta nos está haciendo. Recuerdo que
cuando yo vine acá y preparaba el libro sobre la filosofía en
Bolivia, allá por el año... ya no me acuerdo... el hecho es que
no se sabía que había el hábito de pensar, todos se quedaban
admirados de que yo hablase de filosofía latinoamericana y, más
aún, boliviana.
¿Su adhesión al pensamiento de Pascal no contradice esto de
crear una filosofía latinoamericana?
Es evidente que yo tengo mucho interés por Pascal desde el punto
de vista filosófico. He publicado tres o cuatro ensayos,
estudiando su pensamiento. Pero no soy un pascaliano, Pascal es
un hombre del Siglo xvii y estamos en el Siglo
xx. Sin embargo, a
pesar de estar tan lejos en el tiempo, Pascal está, a mi juicio,
también muy cerca de nosotros. Tiene una filosofía de los
valores que yo profeso. En mi libro Ensayos Pascalianos
propongo nada menos que una interpretación del pensamiento de
Pascal. En las notas desorganizadas y dispersas que él reunió
con el propósito de elaborar una apología del Cristianismo hay
tres posibilidades que se vinculan con el pensamiento de nuestro
tiempo, lo que él llamaba los tres órdenes: la sensibilidad de
la vida, la razón y, por encima de todo, el amor.
Pascal era en cierto modo un escéptico, dudaba de la importancia
de la razón. Los elementos que tenemos en nosotros nos conducen
a la necesidad de superar las realidades cotidianas, limitadas y
sencillas, para aspirar a una existencia superior, trascendente.
Desde que comenzamos a pensar tenemos una aspiración a Dios, a
la divinidad. Él tenía una famosa frase: “si me buscas, me has
encontrado ya”.
¿En ese mismo sentido se puede hablar de los mitos? un tema del
que también usted se ha ocupado mucho...
En mi libro Los mitos profundos de Bolivia comienzo
diciendo que hasta unos años antes, yo había escrito sólo sobre
la parte, diremos, intelectual, lógica, racional, del
pensamiento humano. Pero me di cuenta después que, además de esa
parte racional, hay un otro pensamiento, que tiene sus fuentes,
sus raíces, en la vida misma de los pueblos y de los hombres.
Vivimos a veces orientados por mitos de gran trascendencia y
eficacia en la historia. Creo que ése es un tema que debe ser
estudiado y yo me propuse hacer conocer cómo en la historia de
Bolivia hay periodos en los cuales un mito determinado domina.
En el primer período, nosotros estamos influenciados por la
mitología de la tierra. La “mística de la tierra” era la fuerza
intelectual, animadora...
¿Se expresaría esto en la Pachamama, don Guillermo?
Sí, naturalmente, la Pachamama. Si usted lee mi libro que se
llama precisamente así, verá que me acerco a esa idea, aunque
todavía yo no logro concretarla, porque en esa época no lo
comprendía bien (Pachamama Diálogo sobre el porvenir de la
cultura en Bolivia, 1942,
csg).
El segundo período de nuestra historia desde el punto de vista
mítico es el de la influencia del Cerro de Potosí. Constituye
una parte del mito de El Dorado y pertenece a esa categoría de
acontecimientos que atraen a grandes masas por una determinada
riqueza. Y es algo muy importante que ha dejado profunda huella.
Los bolivianos vivíamos para las minas, hasta no hace mucho,
digamos. Cuando el Presidente firmaba el decreto de la
nacionalización, ¿sabe usted lo que dijo? Pues que ahora
tendremos la independencia de Bolivia, de ahora en adelante
vamos a vivir dichosos... no eran mentiras, no era una
invención, era el mito que se manifestaba, era el anhelo de la
riqueza rápida que marcaba a todos los bolivianos.
Finalmente, otro mito que yo considero importante en la historia
del país es aquel que surgió en la Guerra de la Independencia.
Se tenía odio a la Colonia, lógicamente, se había luchado
durante l6 años, la gente había sufrido las consecuencias de la
desigualdad económica, pero esto engendró el mito de que la
revolución puede resolverlo todo. Este mito se extendió en todo
el siglo xix y
también en el xx.
Yo mismo lo viví y pensé así en una época.
Estos tres grandes mitos son suficientes para demostrar cómo no
solamente la actividad racional, científica, actúa en los
acontecimientos históricos, sino también las posiciones vitales
que los pueblos adoptan en determinadas épocas. Un especialista
en este tema dice que los mitos son importantes porque son
“transhistóricos”, actúan y contribuyen a hacer la historia de
los pueblos.
Otro ejemplo es el del cristianismo, producto del mito
cristiano. No se puede negar que es un gran mito religioso,
respetable, todo lo que se quiera, pero no es una filosofía, es
un pensamiento que tiene orígenes no enteramente racionales y
que sin embargo ha modificado el destino del mundo y ha
permitido el nacimiento de la cultura occidental.
A propósito, ¿qué opina usted de la Teología de la Liberación?
Yo no soy católico, infelizmente. Lo fui y muy fervoroso, hasta
que salí del colegio, y cuando fui a la universidad cambié y he
acabado por ser un filósofo, si usted quiere, aficionado a la
filosofía de los valores. La Teología de la Liberación,
inspirada en el ii
Concilio Vaticano, ha sido mutilada en su esencia, pasó de ser
una teología cristiana a ser una teología marxista. La verdadera
Teología de la Liberación, la que fue creada por los católicos
de América Latina, es la que corresponde al espíritu del
cristianismo, propone un amor preferencial por todos los
hombres, no solamente por los pobres. Es una filosofía que
edifica, que no quiere forzar a los hombres, incita a servir con
amor. Por lo tanto, no es una revolución la que se propone
hacer, sino más bien una transformación religiosa de fondo, que
es la aproximación a Cristo, que según ellos es la expresión del
amor. Esa teoría yo la considero muy interesante, muy
característica de nuestros tiempos y ha tenido mucha divulgación
en América Latina. Aunque ha sufrido una suerte de usurpación
política, en el fondo esa teología aspira a la civilización del
amor como objetivo de nuestro tiempo y ahí la coincidencia con
la filosofía pascaliana, qué formidable, ¿no?
A esos elementos que ha señalado como vertientes del pensamiento
latinoamericano, ¿podría agregarse el pensamiento marxista que
tuvo y tiene una destacada influencia?
Claro que el marxismo es una fuerza intelectual que ha tenido
una atracción terrible. Ha sido una de las fuerzas totalitarias
más vigorosas que ha entusiasmado a la mayor parte del mundo.
Pero no se puede negar que ha conducido a transformaciones que,
cuando se ha dado un poco de libertad a los hombres, se han
desmoronado como castillos de arena. Ni siquiera ha habido
resistencia, nadie ha dicho nada, porque se sabe que por encima
de los intereses económicos, mal administrados o mal
perseguidos, está la libertad del hombre, el ser humano con su
capacidad de creación y libertad.
Creo que estamos viviendo un período especial de la humanidad.
No quiere decir que no vamos a tener problemas y conflictos.
Siempre he pensado que en la humanidad se presentan dos
tendencias temperamentales. Una tendencia que nos lleva a la
aventura, al desorden y a la novedad, que produce grandes
accidentes, pero que también produce muchas renovaciones en el
mundo. Y, de otro lado, está la tendencia que yo denomino del
hombre constructor, que mira el futuro y trabaja para
transformarlo en beneficio de los hombres. Tirso de Molina ha
pintado muy bien ambos personajes en dos de sus famosas piezas:
a uno en El burlador de Sevilla y al otro en Condenado
por desconfiado. Siempre existieron y existirán esas dos
tendencias en la historia. El futuro de la humanidad no puede
simplificarse en el triunfo de una o de la otra. El futuro
debemos hacerlo cada día, es lo que yo aprendí cuando era un
muchacho, con esfuerzo y con la conciencia de la propia
libertad, además con la energía necesaria para sustentar esa
libertad.
A raíz del fracaso de las experiencias socialistas, que se han
derrumbado, al decir de usted, como “un castillo de arena”, se
discute ahora las concepciones fundamentales del marxismo. ¿A su
juicio, qué es lo que el pensamiento de Marx aportó a este siglo
xx próximo a
concluir?
Es indiscutible que las ideas de Marx son el resultado del
estudio de los problemas económicos a los que él se consagró.
Nos han venido a mostrar precisamente la importancia del factor
económico para la existencia humana. Se tenían nociones más o
menos generales sobre eso, nadie ignoraba que el trabajo de los
pueblos y la creación de la riqueza se hacen sobre la base de
una producción creadora que caracteriza después a las
instituciones. Esos descubrimientos Marx los utilizó muy bien.
Pero en el fondo lo que caracteriza realmente al marxismo no es
esa posición científica que ha tenido vagamente, sino el llamado
a la revolución. Ésa es su esencia. Y ella ha creado en la
historia de los últimos años esos grandes totalitarismos en los
que hemos estado viviendo.
Hoy mismo se tiene que seguir estudiando el factor económico en
toda su trascendencia, con todos sus efectos, pero sin olvidar
que eso no es todo lo que el hombre puede hacer, que el hombre
debe luchar contra las dificultades, vencer los obstáculos que
se le presenten, vencerse a sí mismo, imponer su propia
conciencia moral, la de la justicia y la de los grandes valores
humanos.
Los marxistas rescataríamos por lo menos el hecho de que el
marxismo encarna esa aspiración humana a la justicia social, la
“utopía” por la igualdad y muchos otros valores, aunque ciertas
prácticas políticas a nombre del marxismo se hayan contrapuesto
a esos principios...
Los fundamentos realmente científicos, los fundamentos que se
observan en el mundo económico, tienen su validez, no hay nada
que hacer. Pero a mi modo de ver esos elementos no son los
decisivos en el futuro del mundo, en el futuro de los hombres.
El hecho de que el marxismo se haya derrumbado no quiere decir
que no surjan otras posibilidades de reacciones agresivas...
estamos viendo ahora lo que pasa en el Medio Oriente.
Optimísticamente no se puede creer que deje de existir la
necesidad de renovación de los pueblos... esa necesidad de
luchar por el futuro permanece. Hay que actualizarla, hay que
aprovechar los errores cometidos en el pasado. El Tercer Mundo
era marxista, ¿no?... Pero era una lucha puramente política con
pretextos económicos... sería cuestión de hablar con más
detenimiento sobre esto... pero yo creo que la “guerra fría” ha
desaparecido en la forma que vino existiendo hasta hace poco.
Podemos esperar un nuevo período de la humanidad, con nuevos
progresos, con nuevas instituciones, también con los problemas
que podemos imaginar, pero con posibilidades de mejoría mayores
cada vez...
Sin embargo, los desequilibrios sociales, las injusticias que el
marxismo ha criticado, persisten. ¿Cómo ve usted esta situación?
Como le dije, la Teología de la Liberación, de la que
hablábamos, tiene como base de su actividad una preferencia por
los pobres, eso es auténtico, hay evidentemente esa tendencia a
apreciar al hombre sin recursos, a los que no tienen
posibilidades para mantenerse en su vida. Y esos problemas
existirán mientras no se consiga la renovación del mundo. Pero
esto se puede conseguir en los tiempos futuros, la ciencia y la
técnica han avanzado bastante como para que los pueblos puedan
producir ellos mismos los recursos necesarios para poderse
sustentar. No es posible la existencia de esa miseria
desesperante que ha venido habiendo en el mundo. En el futuro
los pueblos, todos los pueblos de todas las regiones, pueden
tener una vida razonable y justa. Esto es posible, aunque no
quiero decir que los problemas desaparezcan, porque hay causas
que no podemos prever de inmediato... pero que se deben a que en
la humanidad hay esa doble tendencia a la que nos referíamos...
El desarrollo científico-tecnológico ha creado, no obstante,
riesgos de sobrevivencia al propio planeta, situación que se va
convirtiendo en una preocupación fundamental para el género
humano...
El problema existe, no se lo puede negar. El hombre es
desprevenido, descuidado y se aprovecha de las circunstancias;
cuando no es forzado a ello, no le importa que se gaste el ozono
o que se vaya perdiendo inclusive el oxígeno. Pero felizmente la
humanidad está en un período en el cual ya hay una conciencia
bastante seria y equilibrada en esta materia y los esfuerzos de
conservación que van haciendo los países han de poder subsanar
los problemas, sustituir los elementos perniciosos y los
factores destructivos.
Hace más de 40 años yo escribí un artículo, creo que se publicó
en La Razón, sobre ese tema ahora tan actual de la
ecología, de cómo los hombres van derrochando los recursos que
le presenta la naturaleza y no se dan cuenta que destruyen las
posibilidades futuras... era un comentario sobre un libro que
fue bestseller en los Estados Unidos en ese tiempo.
Pasando a otros temas, don Guillermo, usted está físicamente
alejado de Bolivia desde hace muchos años... ¿cómo ve el
desarrollo cultural del país y cómo se lo percibe aquí en
Brasil?
Bueno, el problema de la difusión de nuestra cultura es bastante
difícil, porque no tenemos recursos suficientes para poder
publicar obras que circulen fuera... Casi no circulan las obras
de autores bolivianos. En el propio país, las ediciones son
pequeñas y a veces uno tiene que hacerlas por su propia cuenta,
ediciones de 1.000 ó 2.000 ejemplares que a veces se quedan
guardados. Entonces, esto tendría que ser objeto de un plan
organizado que permita avanzar, aunque no hay que ser demasiado
optimista. Hay posibilidades, porque América Latina ha llegado a
tener en el último tiempo una importancia intelectual muy
grande, ha creado un verdadero boom en literatura, hay
grandes escritores, cuyo valor es indiscutible. Las
posibilidades de Bolivia pasan por las de América Latina en
general y son grandes. Es cuestión de organización de
perseverancia y de paciencia.
Asocia usted la idea de cultura por lo general al libro, pero
hay fenómenos como el de la
Tv
y la radio que están desplazándolo, ¿cómo ve esto en Brasil,
país que cautiva al mundo con sus telenovelas?
Realmente es una fuerza muy grande la
TV, atrayente,
fascinante, no hay quién deje de asistir a sus exhibiciones...
yo creo que esto ha de seguir, pero el libro seguirá siendo la
base de la creación y de la vida del pensamiento humano.
Indiscutiblemente. Porque el libro condensa, el libro resume, el
libro presenta en su equilibrio verdadero las ideas que actúan
en la cultura. Y la cultura no es sólo una actividad, digamos,
intelectual, sino que por su naturaleza es la realización por
los hombres, de los distintos valores humanos. Tenemos una
cultura en la medida en que podemos realizar efectivamente los
valores morales y nos familiarizamos con los valores artísticos
y naturalmente con los conocimientos científicos. Y en este
campo las actividades humanas van creciendo continuamente y
también mejorando la cultura en general de la humanidad. Para mí
la cultura es un aspecto que se relaciona con el conjunto de la
vida espiritual de los pueblos.
* * *
La conversación podría prolongarse hasta el amanecer. Don
Guillermo Francovich no muestra signos de cansancio. Los
apurados somos nosotros, pues antes de las cinco de la mañana
debemos estar en camino al aeropuerto.
Intentamos algunas preguntas cortantes para ponerle algo de
“imagen” a la conversación, pero no resulta. Nuestro
entrevistado es reflexivo por naturaleza.
—Un filósofo que haya marcado el siglo con su nombre?
—Hubo muchos... un Sartre tal vez, pero no, era muy político; la
verdad es que no encuentro una personalidad a la medida de un
Goethe, o de un Pascal, no le podría dar nombres así,
improvisadamente, sobre los pensadores de este siglo.
—¿Autores en general de América Latina?
—Los que hicieron el boom, citaría a García Márquez,
Vargas Llosa y también, por supuesto, a Borges”.
—¿De los nuestros?
—Pues yo admiro a varios de ellos, están citados en mis obras
sobre el pensamiento boliviano, creo que hay un mundo de gente
que no sabemos apreciar como deberíamos, no estudiamos sus obras
y no las divulgamos especialmente entre los jóvenes.
En filosofía simpatizo con
h.c.f. Mansilla, principalmente, pero hay muchos otros
que no le puedo citar en este momento... Una personalidad que me
parece deberíamos valorizar mejor es Marina Núñez del Prado,
tiene esculturas de una profundidad y belleza excepcionales...
Yo estimo mucho a todos, pero no quisiera hacer una
enumeración...
* * *
Nos queda la sensación de haber conversado con una de las
personalidades más sobresalientes que en este siglo ha dado
nuestro país en el campo de las ideas.
Sus puntos de vista pueden ser refutados o criticados, podemos
no estar de acuerdo con su idealismo pascaliano, o con su manera
peculiar de apreciar el marxismo. Pero de ninguna manera podemos
ignorar a quien con tanta agudeza y profundidad ha intentado
penetrar en los meandros y las virtudes del espíritu boliviano.
En homenaje a sus próximos 90 años, las universidades, los
colegios, las instituciones culturales y medios de difusión
debieran hacer una verdadera peregrinación, sí, hacia sus obras.
Ojalá que esta entrevista fuera un modesto prólogo para ese
recorrido que nos parece obligado.
Carlos Soria Galvarro
Periodista boliviano
[Fuente:
Carlos Soria Galvarro. “Francovich: ‘No podemos seguir a merced
de otros, tenemos que crear’." Presencia Literaria (La
Paz), 30 de septiembre y 7 de octubre de 1990. También en
Recuentos. La Paz: Editorial Plural, 2002, pp.
210-223.]
© José Luis Gómez-Martínez
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