Salvador Piá Tarazona
"La Antropología
trascendental
de Leonardo Polo"
Salvador Piá Tarazona
Acaba de
publicarse la tan esperada Antropología tascendental de Leonardo Polo. Después de
su primera redacción en 1972 y de la reelaboración que el autor ha realizado,
especialmente durante los dos últimos años, podemos encontrarla ya editada en Eunsa
(Pamplona, 1999, 245 págs.). De momento sólo se publica el primero de los dos tomos de
que consta la obra titulado: La persona humana. El segundo tomo, que lleva por
título La esencia del hombre, está siendo reelaborado por Polo.
Aprovecho la ocasión para hacer una nota rápida, que indique los temas relevantes, de
un libro que proporciona un novedoso tratamiento de la antropología. El camino que Polo
abre con este libro es inédito; por eso cabe el peligro de que el lector se desconcierte
ante una temática tan novedosa. Sin embargo, pienso que un estudio mas profundo
producirá una grata y muy sugerente sorpresa en el lector.
1. La Antropología trascendental en la obra de Polo
En El acceso al ser (1964) Leonardo Polo propone como método para hacer
filosofía el abandono del límite mental; con dicho método se hacen accesibles
cuatro grandes temas: por una parte, el acto de ser y la esencia extramentales, y por
otra, el acto de ser y la esencia del hombre. Como se ve, el abandono del límite mental
es un método encaminado a profundizar en la distinción real del ser con la esencia
propuesta por Tomás de Aquino para la criatura. De aquí que cada una de las cuatro
dimensiones del abandono del límite mental tenga como tema uno de los cuatro temas
correspondientes a las criaturas.
Polo estudia el acto de ser extramental, es decir, los primeros principios investigados
por la metafísica en El ser (1965); y la esencia extramental o universo físico en
el Tomo IV del Curso de teoría del conocimiento (primera parte, 1994; segunda
parte, 1996). Según el esquema de Polo, a la metafísica le corresponde tener como
método la primera dimensión del abandono del límite mental, y a la física filosófica
la segunda dimensión.
Ahora, con la publicación del Tomo I de la Antropología trascendental el autor
aborda la investigación del acto de ser humano, es decir, su carácter personal, que
será seguido por el estudio de la esencia del hombre. Este último tema se estudiará en
el Tomo II de la Antropología trascendental. Es así como se llevan a cabo la
tercera y cuarta dimensión del abandono del límite mental respectivamente.
En el libro que ahora nos ocupa, Polo desarrolla la tercera dimensión del abandono del
límite mental, que sólo había enunciado anteriormente en otros escritos. Después de la
lectura atenta del libro, el lector puede constatar los frutos del abandono del límite
mental en antropología, pues nos abre a una temática completamente nueva. En efecto, el
acto de ser humano no se investiga de modo paralelo al acto de ser del universo, pues los
resultados de la metafísica no se pueden aplicar en sentido estricto a la antropología.
Por consiguiente, el estudio antropológico tendrá que empezar de modo diverso a como
lo hace el metafísico. Esto traducido al planteamiento de Polo significa que en
antropología se abandona el límite mental de un modo completamente distinto a como se
hace en metafísica (y en física filosófica). Si el estudio del hombre se realiza
exclusivamente desde la antropología, los temas que se descubren son novedosos. Esto hace
que a lo largo de la Antropología trascendental el lector se encuentre con
un vocabulario completamente nuevo, es decir, estrictamente antropológico: por una parte,
se incorporan términos filosóficos nuevos, por ejemplo: el carácter de además,
la co-existencia, la carencia de réplica, el intellectus ut co-actus, la apertura
interior, la apertura hacia dentro, la búsqueda, el querer-yo, el ver-yo,
etc. Por otra parte, Polo proporciona un nuevo significado a los términos que recibe de
la tradición filosófica; esto sucede claramente con las siguientes expresiones: la
libertad trascendental, el hábito de sabiduría, la trascendentalidad, la nada, la
sindéresis, el yo, amar y aceptar, la transparencia, etc. Además, el autor evita la
utilización de nociones que son estrictamente metafísicas, y cuya introducción en la
antropología conllevarían una simetrización con ésta: es de destacar que Polo no
utilice la noción de sustancia en el estudio del hombre.
2. Planteamiento
El Tomo I de la Antropología trascendental está estructurado en tres partes
claramente diferentes. La primera parte está dedicada al planteamiento de los temas que
se desarrollan en la segunda y tercera parte. En dicho planteamiento se expone la
conveniencia de abordar una antropología de carácter trascendental. Para
emprender esta tarea es preciso, por un lado, ampliar el elenco de los trascendentales de
la filosofía tradicional. Con este fin, Polo examina ampliamente el artículo 1 de la
cuestión primera del De veritate de Tomás de Aquino con vistas a rectificarlo.
Dicha rectificación se establece desde una discusión anterior acerca del significado
último de lo trascendental, ya que la concepción de la trascendentalidad es distinta
para la filosofía tradicional y para Polo. Mientras para aquélla trascendental significa
universalísimo o transcategorial, para Polo trascendental equivale a acto de ser.
Además, téngase en cuenta que Polo realiza el examen del elenco clásico de los
trascendentales exclusivamente desde la distinción real del ser con la esencia,
perspectiva que no se encuentra en la tradición filosófica. Es más, me atrevería a
decir, que en la exposición de los trascendentales Tomás de Aquino sólo acude a la
distinción real para resolver algunos problemas que se le presentan, pero no realiza el
elenco de los trascendentales tomando la distinción real como fuente heurística. Con
otras palabras, el elenco de los trascendentales no es en Tomás de Aquino una
consecuencia fructífera de la distinción real del ser con la esencia. Por contra,
considero que se puede afirmar que en Polo la ampliación de los trascendentales se
realiza, precisamente, desde y exclusivamente la distinción real. En efecto, se puede
decir que la distinción real del ser con la esencia es el criterio que utiliza Polo para
determinar qué nociones del elenco tradicional son trascendentales y cuáles no lo son,
así como para enumerar nuevos trascendentales.
Desde aquí se entiende mejor la rectificación de los trascendentales que se lleva a
cabo en la Antropología trascendental: para Polo, en vez de ens, es mejor
hablar de acto de ser, pues es éste quien propiamente es trascendental: si tenemos
en cuenta la distinción real, la esencia no puede ser, en rigor, trascendental, ya que se
distingue realmente del acto de ser: la esencia se distingue del ser por depender
realmente de él, pues ella es potencia de aquel acto de ser.
Siguiendo con la distinción real, el uno sólo será trascendental si equivale
a acto de ser; de aquí que Polo admita la trascendentalidad del uno en un peculiar
sentido: el trascendental uno es sólo trascendental si significa Identidad.
La Identidad es el carácter existencial propio del acto de ser divino: Dios es Idéntico
como Acto de ser Originario. En este sentido se puede decir que el uno como
Identidad es trascendental, pues equivale a acto de ser.
Polo admite otros dos sentidos del uno, aunque éstos no son trascendentales: a)
el uno como unidad de orden del universo físico, es decir, la causa final del
universo en concausldad con la causa eficiente, formal y material; en este sentido se dice
que la esencia del universo físico es tetracausal; b) el uno como unicidad, que es
lo característico del límite mental: "sólo se conoce lo uno". Pero lo uno
es conocido objetivamente, o sea, ya conocido en presencia; por lo que este
modo de conocer se puede abandonar y conocer desde un nivel no presencial, es decir,
conocer según hábitos intelectuales: en esto consiste el método denominado por Polo
abandono del límite mental.
La crítica a los trascendentales algo y cosa se realiza desde el mismo
punto de vista: algo y cosa no son trascendentales porque no se convierten
con ningún acto de ser. Algo significa para Polo cosa conocida, es decir, algo
es una descripción del objeto cognoscitivo intencional o aspectual, por tanto, no es
trascendental, sino más bien mental. En este sentido se puede decir que algo se
convierte con uno, si se toma éste último como unicidad de la presencia mental: algo
es siempre algo conocido en presencia, o sea, lo uno es algo conocido.
Paralelamente se realiza la crítica al trascendental cosa; según Polo, cosa
designa la realidad en tanto que no es enteramente conocida intencionalmente, ya que el
conocimiento según objeto es aspectual. Pero entonces cosa no equivale a acto de
ser, por lo que tampoco es un trascendental. Además, para que las nociones de algo
y cosa fueran trascendentales se tendrían que convertir entre sí. Pero si algo
significa la realidad conocida intencionalmente, y cosa la realidad en tanto que no
es enteramente conocida intencionalmente, es claro que son nociones correlativas pero no
convertibles entre sí, es decir, no pueden ser trascendentales.
Hasta aquí la rectificación del elenco tradicional de los trascendentales es clara.
Sin embargo, no creo que esta sea la parte mas importante del planteamiento de Polo, sino
que más bien es una preparación necesaria para llevar a cabo la ampliación de los
trascendentales. Ésta ampliación como la rectificación se fundamenta en la
distinción real del acto de ser con su esencia; por tanto, la ampliación de los
trascendentales se debe realizar por el lado del acto de ser.
En efecto, la ampliación de los trascendentales sólo tiene justificación, si se ha
encontrado un acto de ser distinto que no aparecía en el elenco tradicional. Ésta es la
tesis fuerte del planteamiento poliano: el acto de ser del hombre es distinto del acto de
ser del universo físico, es decir, son actos de ser trascendentalmente distintos. Así
pues, la ampliación de los trascendentales se lleva a cabo desde el acto de ser humano,
siendo este el camino de entrada de la antropología trascendental.
Sin embargo, tampoco sería correcto decir que en el elenco tradicional de los
trascendentales no aparece ningún rasgo de la antropología trascendental. Más bien hay
que decir que los trascendentales relativos incoan el camino que la Antropología
trascendental abre. En efecto, Polo desarrolla la ampliación de los trascendentales a
partir de la trascendentalidad de la verdad y del bien.
Que la verdad sea un trascendental relativo significa que el ser humano está
abierto al conocimiento de la realidad extramental: con frase de Aristóteles "el
alma es en cierto modo todas las cosas" (De Anima, III, 431 b
21). Sin embargo, definir la verdad como un trascendental relativo obedece a
un planteamiento metafísico: la verdad se convierte con el acto de ser del universo
físico, es decir, el ser del universo es verdadero.
Ahora bien, desde la antropología trascendental se sostiene que si la realidad
extramental es trascendental por ser acto de ser, con más motivo será trascendental el
acto de ser del que depende su verdad, es decir, la apertura del acto de ser humano
como intelección es trascendental. Por tanto, sólo si se admite que la
intelección es trascendental, se puede salvar el carácter trascendental de la verdad. De
aquí que Polo establezca el intelecto personal como uno de los
trascendentales convertibles con el acto de ser humano.
Asimismo, si en metafísica se admite el bien como un trascendental relativo (el
bien se convierte con el acto de ser del universo físico, pues éste es bueno, o con
frase de Aristóteles "bueno es lo que todas las cosas apetecen" (Ética,
Libro I, 1094 a 3), en antropología trascendental se afirma que la apertura
del acto de ser humano como querer es trascendental; por tanto, en la línea de la
consideración radical de la voluntad, se encuentra otro trascendental personal que Polo
llama amar donal.
Con lo dicho, queda indicado cómo Polo realiza la ampliación de los trascendentales
formulados en la filosofía tradicional y abre la temática propia de la antropología
trascendental: el intelecto personal y al amar personal son trascendentales
antropológicos porque se convierten con el acto de ser humano o persona humana. Por
tanto, la persona humana como acto de ser es conocimiento y amor. O también, la actividad
del ser personal humano es una actividad amorosa y cognoscitiva.
Ahora bien, la ampliación de estos dos trascendentales antropológicos conlleva
también una ampliación en el ámbito del acto de ser en términos de ser. En efecto, no
se puede sostener que el acto de ser de la realidad extramental sea equivalente al acto de
ser humano, es más, nos encontramos ante dos actos de ser que se distinguen en términos
de actividad existencial. Por otra parte, si no se admite dicha distinción trascendental,
ni se puede establecer el carácter trascendental del inteligir y el amar en
antropología, ni se pueden establecer como trascendentales relativos la verdad y el bien
en metafísica, ya que no todos los actos de ser son persona y, por tanto, no todos
conocen y aman.
El inteligir y el amar personal se convierten con el acto de ser humano,
pero no con el acto de ser extramental, pues el ser del universo físico no tiene intimidad.
En cambio, la persona humana es ser como apertura ya sea cognoscitiva o
amorosa, por eso persona significa intimidad; de aquí que Polo denomine a la
actividad existencial del acto de ser humano co-existencia o ser además.
Con palabras de Polo "el hombre no se limita a ser, sino que co-es. Co-ser designa
la persona, es decir, la realidad abierta en intimidad y también hacia fuera; por
tanto, co-ser alude a ser-con" (Antropología, I,
32.).
La radicalidad del ser personal se cifra en su doble carácter de apertura. La
persona humana es apertura hacia fuera o ser-con porque co-existe con el ser
del universo físico, con otras personas humanas y con Dios; dicha apertura puede ser
cognoscitiva o amorosa: éste es el significado último de los trascendentales relativos
verdad y bien. Pero además, la persona humana es también apertura íntima o co-ser:
"co-existir es el ser ampliado por dentro: la intimidad" (Antropología,
I, 92). Por tanto, la persona humana se puede denominar propiamente co-ser-con.
Además del acto de ser (co-existencia), del inteligir y del amar personal, si
atendemos al carácter de apertura del ser humano se debe añadir la libertad como
uno de los trascendentales personales, pues la co-existencia es íntima, cognoscitiva y
amorosa en tanto que es libre. Libertad trascendental significa apertura íntima del ser:
co-existencia. Es así como se convierte la libertad con los demás trascendentales
personales. De este modo, quedan enunciados los cuatro trascendentales de la persona
humana.
Esta ampliación propuesta por Polo nos permite investigar a la persona humana desde su
radicalidad propia, o sea, el estudio de la persona humana que Polo afronta no es una
ontología regional, no se trata de estudiar al hombre como un ente particular o especial
dentro del ámbito de la metafísica, sino de que la antropología es una ciencia distinta
de la metafísica, precisamente porque el objeto de estudio de estas dos ciencia es
trascendentalmente distinto. La metafísica estudia el acto de ser de la realidad
extramental, en cambio, la antropología estudia el acto de ser de la persona humana, por
eso se denomina debidamente trascendental a la antropología.
El acto de ser del universo físico y el acto de ser humano son actos de ser distintos
(entiéndase, son actos distintos en su actividad existencial); mientras que el primero persiste
el segundo co-existe. Por tanto, su estudio también deberá ser afrontado desde
dos métodos distintos. Según Polo, la metafísica abandona el límite mental según su
primera dimensión, mientras que la antropología trascendental lo abandona según su
tercera dimensión. En consecuencia, si metafísica y antropología tienen objetos de
estudio y métodos distintos, se puede sentar acertadamente la pertinencia de distinguir
estas dos ciencias.
3. El método: la tercera dimensión del abandono del límite mental
Una vez realizada esta distinción, Polo aborda en la segunda parte de este Tomo I el
modo propio de abandonar el límite mental según su tercera dimensión.
Esta parte es la más difícil y ardua de seguir, sobre todo para lectores no iniciados
en el pensamiento poliano, pues el estilo empleado recuerda más bien a algunos pasajes de
El acceso al ser. Sin embargo, la complicación del texto no se debe, en mi
opinión, a la intención del autor que ha querido ser esta vez lo más claro
posible, sino más bien a la complejidad del tema estudiado. En efecto, la persona
humana es el tema más complejo de todos lo abordados hasta ahora por Polo. Así que me
permito recomendar al lector paciencia y estudiarlo con detenimiento.
Según Polo "el carácter de además es el método requerido para alcanzar
la coexistencia humana" (Antropología, I, 15). Ante
todo, es de destacar el significado de este alcanzamiento: como persona humana es cada
quien, no cabe alcanzar la persona en general; por tanto, para alcanzarse como
persona se debe renunciar a la pretensión de pensarse, es decir, de encontrarse en el
objeto o como objeto. Es más, el objeto pensado es precisamente lo que se tiene que
abandonar para alcanzar la co-existencia humana. Pretender conocer la persona como un
objeto o un sujeto conlleva necesariamente la pérdida de la intimidad personal, pues
ningún objeto, al ser pura presencia mental, tiene intimidad.
La persona humana no puede quedar fuera de su propio alcanzamiento, es decir, su propio
conocimiento tiene que ser solidario con su propia actividad existencial. Por eso,
si el acto de ser humano es ser además, el modo propio de alcanzarse como ser
además será con el carácter de además. Con otras palabras, el carácter de además
es dual, teniendo un sentido temático y otro metódico. El sentido temático del
carácter de además radica en la co-existencia íntima, mientras que su sentido
metódico se cifra en el modo en que se abandona el límite mental en la tercera
dimensión.
Este método consiste, según Polo, en el desaferramiento de la presencia
mental, es decir, el carácter de además tiene como punto de partida la presencia
mental de la cual se desaferra. Desaferrarse de la presencia mental es el
significado estricto de abandonar el límite mental, y por tanto, su sentido más elevado:
el carácter de además abandona su punto de partida, es decir, el límite mental.
Si aquel quien soy no es un objeto ni un sujeto, tendré que abandonar cualquier
conocimiento objetivo de mi propio ser para conocerme según mi propia actividad
existencial: esto es lo que significa alcanzar la co-existencia personal. En mi
opinión, ser además significa ser siempre más; por eso, no cabe que el
alcanzamiento personal tenga éxito definitivo, pues la persona humana es siempre más.
De donde, si la persona humana significa ser siempre más, el conocimiento personal
que ella tiene de sí debe ser guiado por el carácter de además (es su sentido
metódico): ser siempre más sólo puede ser conocido según además.
Por tanto, se debe descartar la pretensión de alcanzarse como un yo. Según
Polo, la persona humana no equivale al yo, pues la persona es actividad co-existencial y
en el yo dicha actividad se detiene: se puede decir que el yo no es siempre
más precisamente porque constituye un éxito prematuro. Desde este punto de vista, me
atrevo a decir que una antropología que entiende la persona como un yo es una antropología
prematura.
El yo no puede ser además porque no equivale a la intimidad personal,
sino "al ápice de la esencia del hombre en tanto que depende de la persona" (Antropología, I, 160). Esta distinción entre persona y yo
es uno de los grandes hallazgos de Polo desarrollados en la Antropología trascendental.
4. Los trascendentales personales
En la tercera parte de este libro se estudian los trascendentales personales. El
primero que se expone es el ser: el acto de ser de la persona humana equivale a co-ser
o co-existir: co-existir es más digno que existir. El ser humano es superior al
ser del universo físico y, por tanto, los trascendentales personales son superiores a los
metafísicos. Con esto se indica el carácter dual del ser humano. Éste es otro de
los grandes hallazgos de Polo, que vertebra toda la exposición de los trascendentales
personales, es decir, cada trascendental se estudia según su carácter dual.
El carácter dual de la co-existencia humana es su doble carácter de apertura hacia
fuera e íntima. Sin embargo, la co-existencia íntima no comporta la existencia interna
de "otra" persona, es decir, la intimidad de la persona no es ninguna
"otra" persona. Todo lo contrario, la co-existencia íntima equivale a lo que
Polo llama carencia de réplica de la persona creada. La carencia de réplica
significa que la co-existencia está siempre por alcanzar; dicho alcanzamiento nunca tiene
un éxito pleno. Por eso, el método para alcanzar la co-existencia es el carácter de además,
el entero sobrar. He aquí la solidaridad entre el método y el tema: tanto el método
como el tema son además. Con otras palabras, la carencia de réplica es el modo en
que la persona creada carece de identidad. Recuérdese que para Polo la Identidad como
existencia sólo se da en Dios: Ser Originario; pues en las criaturas el acto de ser se
distingue realmente de la esencia. De aquí que al acto de ser del universo físico Polo
lo llame persistencia o existencia no contradictoria.
Pero además, la apertura íntima de la persona humana es, a su vez, dual. Esta
dualidad comporta según Polo una apertura interior y una apertura hacia
dentro. La apertura interior equivale al descubrimiento de que la persona
humana carece de réplica; dicha apertura corre a cargo de la co-existencia y la
libertad, pues la libertad es la intimidad de la co-existencia con la que se
descubre que se carece de réplica. Por decirlo así, la libertad es el co
de la co-existencia humana, esto es, precisamente porque la existencia humana es libre es co-existencial.
Éste es el modo en que se convierte la libertad trascendental con la co-existencia.
La apertura hacia dentro es el descubrimiento de que esa carencia no puede ser
definitiva, es decir, en términos absolutos, a la persona humana no le puede faltar
réplica. Así pues, como la carencia de replica no puede ser definitiva, la actividad
existencial se trueca en la búsqueda de la réplica de que se carece. Esta
búsqueda es una búsqueda cognoscitiva y amorosa, es decir, es llevada a cabo por el
intelecto personal y al amar donal.
Por tanto, la apertura interior se trueca en apertura hacia dentro: el
descubrimiento de que mi acto de ser carece de réplica se orienta hacia la búsqueda de
mi réplica personal. Éste es el modo como se convierten la libertad y la co-existencia
con el intelecto y el amar personal.
Por su parte, en la intelección como trascendental personal también se da una
dualidad entre el hábito de sabiduría y el intelecto personal. Según Polo, el hábito
de sabiduría o tercera dimensión del abandono del límite mental es equivalente al
sentido metódico del carácter de además, es decir, es el acto cognoscitivo con
el que se alcanza la co-existencia personal o sentido temático del carácter de además.
El hábito de sabiduría es el método que tiene como tema el intelecto personal del cual
depende innatamente; por eso Polo denomina a esta dualidad solidaridad.
El carácter de además es dual según un sentido metódico y temático; tanto
método como tema son además, por eso son solidarios. Esto es así porque en el
conocimiento personal que tengo de mí, mi ser personal no puede quedar fuera de mi
conocimiento como si fuera un espectador. Todo lo contrario, la persona se tiene que
alcanzar a conocer según su índole personal. Por tanto, si el acto de ser de la persona
humana es además, el método que se tendrá que utilizar será también además:
la persona es ser además que se alcanza según además. De aquí que Polo
denomine al hábito de sabiduría o acto cognoscitivo con el que se alcanza la
co-existencia personal transparencia. Con otras palabras, el hábito de sabiduría
es la transparencia que el intelecto personal tiene de sí.
Sin embargo, con la tercera dimensión del abandono del límite mental o hábito de
sabiduría sólo se llega a conocer el intelecto personal temáticamente: éste es el
culmen del abandono del límite mental, es decir, dicho método ya no da más de sí. Por
tanto, aún queda por saber cuál es el tema de conocimiento que tiene el intelecto
personal, pues si el intelecto personal es acto cognoscitivo método tendrá
que tener un tema propio. Pero aquí ya no llega el abandono del límite mental; con todo,
Polo da al final de la Antropología trascendental una solución a este problema.
Después del estudio de la intelección como trascendental personal, Polo aborda el
carácter dual del trascendental amar, que se expone según la estructura donal. En el
hombre, la donación y la aceptación pertenecen al acto de ser humano, por eso tienen
carácter trascendental, mientras que los dones se encuentran en la esencia del hombre.
Para la persona humana amar significa tanto dar como aceptar: la aceptación es también
un verdadero dar.
Desde aquí se entiende la conversión de la libertad trascendental con el amar donal:
dar es trascendentalmente libre en tanto que se refiere a la aceptación, y aceptar es
trascendentalmente libre en tanto que se refiere al dar (Cfr. Antropología,
I, 220). Sin embargo, el hombre no es capaz de dar su dar, sino que sólo puede dar
dones: el hombre no puede dar su propio acto de ser porque no dispone de él, en cambio,
si que puede dar sus obras; por eso, el hombre sólo puede dar dones a través de su
esencia. Así pues, la estructura donal se completa con los dones: "el dar y el
aceptar comportan el don. Esto quiere decir, en definitiva, que la estructura del dar es
trina y no dual" (Antropología, I, 220).
Por último, Polo aborda el estudio de la libertad trascendental, que tiene que ser
entendida en conversión con los demás trascendentales personales; dicha conversión se
explica según el carácter dual de la libertad, que equivale a la dualidad de la apertura
de la co-existencia humana. Como se dijo, la libertad es la apertura del ser humano o ser además,
pero la apertura es dual según sea apertura interior o apertura hacia dentro.
La apertura interior es el co de la co-existencia humana, la intimidad o
el ser además; por eso a esta libertad la llama Polo libertad nativa. La
libertad nativa equivale al desaferramiento de la presencia mental con el
que la persona humana se alcanza y descubre que carece de réplica: éste es el sentido de
la conversión de la libertad nativa con la co-existencia. Además, la
libertad nativa se extiende a la esencia del hombre donde encuentra la verdad del don
amor esencial para elevarlo al dar y aceptar trascendentales.
Pero la libertad también se convierte con la intelección y el amar personal. Esta
conversión se da según la apertura hacia dentro. Recuérdese que la apertura interior
(descubrimiento de que se carece de réplica) se trueca o orienta hacia la búsqueda
de la réplica de que se carece: apertura hacia dentro. Esta búsqueda es
dirigida por el carácter trascendental de la libertad que Polo llama libertad de
destinación.
Por tanto, la libertad de destinación es el miembro superior de la libertad
trascendental que se dualiza con la libertad nativa. De este modo la libertad
nativa se trueca en libertad de destinación, pues destinarse equivale a
buscar cognoscitiva y amorosamente la réplica de que se carece. En efecto, "el
encuentro de la verdad y el encuentro del amor se corresponden: enamorarse es inseparable
de encontrar la verdad y encontrar la verdad es inseparable de enamorarse" (Antropología, I, 238). Es aquí donde la co-existencia, la
libertad, la intelección y el amar personal se convierten de modo más radical: la
co-existencia humana es un "don creado que se acepta como un dar destinado a ser
aceptado. Esta segunda aceptación transciende sin más a la persona humana" (Antropología, I, 221), pues corre a cargo de la generosidad
divina.
En conclusión, pienso que este libro no defrauda la expectativa creada, sino todo lo
contrario, abre camino hacia un panorama completamente nuevo sobre el conocimiento de la
persona humana. Por lo demás, el lector podrá aceptar o no la propuesta de Polo sobre la
ampliación y exposición de los trascendentales personales, pero lo que no podrá hacer
es quedarse indiferente.
[Fuente: Salvador Piá Tarazona. "La antropología
trascendental de Leonardo Polo". Studia poliana Pamplona 1 (1999): 101-15.]
© José Luis Gómez-Martínez
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