Simón
Bolívar
"Simón Bolívar:
de la utopía a la decepción"
Juan José Canavessi
“yo deseo más que otro alguno
ver formar en América la más grande nación del mundo,
menos por su extensión y riquezas
que por su libertad y gloria”
Carta de Jamaica,
1815
“todas mis razones se fundan
en una:
no espero salud para la patria.
Este sentimiento, o más bien, esta convicción íntima,
ahoga mis deseos
y me arrastra a la más cruel desesperación”
Carta a Vergara,
1830
INTRODUCCIÓN
Este trabajo pretende ser un
acceso a la historia americana partiendo de los escritos de Bolívar,
analizando su pensamiento en relación con su acción en el proceso de
emancipación americana y organización de las nuevas naciones, ya que sus
discursos, manifiestos, escritos y correspondencia tienen un gran valor para
la reconstrucción del proceso americano entre 1810 y 1830, año de su muerte.
Ideas, acontecimientos y
significados
Ningún período, proceso o
acontecimiento del pasado puede ser comprendido plenamente sin el estudio
del mundo de las ideas que integraron parte de ese pasado. El estudio de las
ideas vigentes en una sociedad manifiesta su visión de la realidad, sus
intenciones y valores, sus problemáticas y búsquedas. La crónica de lo
fáctico adquiere así un significado que nos aproxima a su intelección y nos
posibilita una reconstrucción aceptable del pasado.
Asimismo, el análisis de las
ideas vigentes en un período resulta infructuoso si no son estudiadas
insertas en el acontecer social, político, económico y cultural del cual
dimanan y sobre el que actúan. De esta manera se logra una doble intelección:
los hechos dan cuerpo a las ideas y las sitúan en un contexto fuera del cual
no son realmente comprensibles; por otro lado, las ideas otorgan sentido a
los acontecimientos del devenir histórico y proporcionan un ineludible
criterio interpretativo.
Cuando la reconstrucción del
pasado no integra ambos elementos de manera satisfactoria, se corre el
riesgo de caer en el anacronismo.
El estudio de los hechos sin
recurrir de manera ordenada y sistemática al mundo de las representaciones
propias del período deriva en una interpretación del pasado en base a
conceptos contemporáneos al investigador, o bien deudores de la
historiografía acumulada, la cual se desprende, a su vez, de un contexto
particular que llevó a dar un sentido o significado determinado al pasado en
relación con otro tiempo distinto del analizado.
Otro tanto ocurre cuando se
toman las ideas de un autor o protagonista de un período sin una referencia
suficiente a su tiempo. Entonces, las ideas son tratadas de manera abstracta
y descarnada, perdiendo o falseando su verdadera naturaleza y corriendo el
riesgo de ser interpretadas de acuerdo al contexto de quien se acerca a
estudiarlas.
La consideración de la
relación hilemórfica entre ideas y acontecimientos advierte contra posibles
dualismos y monismos en su tratamiento. Si bien se reconoce la necesidad
lógica de distinguir, abstraer y separar para el trabajo analítico, nunca se
puede perder de vista que se trata de dimensiones de la misma realidad.
Ideas y mentalidades
Por otra parte, el mundo de
las ideas pertenece al campo de las representaciones de una sociedad.
Requiere un abordaje particular, ya que el investigador se enfrenta a la
dificultad de cómo analizar la mediación existente entre la vida real de los
hombres y la imagen que los hombres se hacen de ella. Cada caso presenta sus
particularidades, ya que los mecanismos del surgimiento, elaboración,
discusión, asunción, continuidad, cambios y difusión de las ideas están
estrechamente ligados a las configuraciones sociales, las condiciones
económicas, las circunstancias históricas y los universos culturales. Es
fundamental considerar las ideas como una expresión del pensamiento, pero no
como la única. Hay que verlas insertas en el conjunto de representaciones
que configuran la imagen del mundo que tiene vigencia en un sujeto, grupo o
período determinado.
Ortega y Gasset distingue
entre “ideas” y “creencias”. Las primeras son fruto del pensamiento, son el
resultado de una operación intelectual, son las ideas que “pensamos”, las
que integran el pensamiento sistemático: Ortega y Gasset las denomina “ocurrencias”.
Por su parte, las creencias son las ideas sobre las que estamos apoyados,
son las ideas que “somos”, las que sostienen nuestra vida. Las “creencias”
no se explican ni ordinariamente se discuten, son los presupuestos que
mueven nuestros actos: están tan profundamente incorporadas que no se piensa
sobre ellas. Son el sustrato de las “ideas” (ORTEGA Y GASSET, 3-10).
La distinción orteguiana
permite encarar el análisis de las ideas como expresión de las mentalidades,
que son sistemas de ideas, creencias y opiniones operativas, profundamente
arraigadas en la sociedad. Son transmitidas por tradición, gozan de un
consenso tácito y generan comportamientos: “el campo de las mentalidades
no es el del pensamiento sistemático sino el de ese caudal de ideas que en
cada campo constituye el patrimonio común y del cual aquél es como una
especia de espuma (...) la mentalidad es el motor de las actitudes”
(ROMERO, 1987:17).
Esto amplía la visión
histórica que se obtiene cuando se analizan las ideas formuladas o el
pensamiento puesto por escrito de algún personaje histórico, ya que “la
mentalidad de un individuo, aunque se trate de un gran hombre, es justamente
aquello que tiene en común con otros hombres de su época” (CHARTIER,
23).
Teniendo en cuenta el nivel de
las mentalidades cuando se analizan las ideas en un determinado sujeto o
período, se enriquece la visión que nos hacemos de la época que se estudia y
se adquieren otros elementos de análisis para interpretar el cuerpo de ideas
que se procura entender: “frente a la idea, construcción consciente de un
espíritu individualizado, se opone la mentalidad siempre colectiva que
regula, sin explicitarse, las representaciones y los juicios de los sujetos
de una sociedad. Se plantea entonces de una forma nueva la relación entre la
conciencia y el pensamiento (...) que pone el acento sobre los esquemas o
los contenidos del pensamiento que, aunque se enuncien en el modo
individual, son en realidad los condicionamientos no conocidos e
interiorizados que hacen que un grupo o una sociedad comparta, sin necesidad
de que sea explícito, un sistemas de representaciones y un sistema de
valores” (CHARTIER,
23).
Este trabajo se propone
estudiar las ideas de Bolívar, es decir, las formas explícitas de su
pensamiento, pero se buscará verlas insertas en el universo de las
mentalidades vigentes en la sociedad americana del período. Para eso,
debemos considerar la articulación del pensamiento individual con el
universo social.
Pensamiento político de la emancipación
Para abordar el pensamiento
latinoamericano, debe tenerse en cuenta que “la historia de las ideas
debe comprenderse y enseñarse, esencialmente, como ligada a la conciencia
que la sociedad latinoamericana ha ido adquiriendo de sí misma” (BIAGINI,
27).
El período de la emancipación
es un tópico privilegiado para observar la conciencia que la sociedad
latinoamericana se va formando de sí misma, porque recoge la tradición
colonial, expresa una crítica a la misma y elabora un conjunto de ideas
sobre las cuales se construyeron las nuevas naciones. Para ello, junto a
otras expresiones, deben ser tenidas en cuenta las ideas de quienes formaron
las clases dirigentes y tuvieron un rol protagónico en los acontecimientos.
Como primer contexto, hay que
considerar que la emancipación debe ser encuadrada en el marco de las
intensas transformaciones de su tiempo. Es una repercusión americana de
acontecimientos europeos y se desarrolla en el contexto y al ritmo de los
sucesos internacionales, pero es simultáneamente un movimiento de raíces
propias: “el proceso de la Emancipación se desarrolla en tierra americana
a partir de situaciones locales, y desencadena una dinámica propia que no se
puede reducir a la que es propia de los procesos europeos contemporáneos.
Más aún: desencadena también unas corrientes de ideas estrictamente
arraigadas a aquellas situaciones que, aunque vagamente y carentes de
precisión conceptual, orientan el comportamiento social y político de las
minorías dirigentes y de los nuevos sectores populares indicando los
objetivos de la acción” (ROMERO, 1986:53).
Por eso, en segundo lugar,
debe tenerse en cuenta que esa tensión entre la realidad particular de
América y los procesos europeos también se manifiesta en el campo de las
ideas: “si hay un rasgo permanente en la historia del pensamiento
político hispanoamericano, es que éste se elabora a partir de nociones
acuñadas en ultramar como respuesta a situaciones y problemas también ellos
ultramarinos”. Se trata de una situación que invita a preguntarse “si
toda esa historia no es a la postre la de unas ideas fuera de lugar” (HALPERIN
DONGHI, 1997:5).
Ante la nueva situación, y a
pesar de su carácter original e inédito, los sectores dirigentes acudieron a
un conjunto de modelos ideológicos que extrajeron de la experiencia política
europea y norteamericana, lo que fue una fuente permanente de conflictos:
“el pensamiento escrito de los hombres de la Emancipación, el pensamiento
formal, podría decirse, que inspiró a los precursores y a quienes dirigieron
tanto el desarrollo de la primera etapa del movimiento –el tiempo de las 'patrias
bobas'– como el de la segunda, más dramática, iniciado con la 'guerra a
muerte', fijó la forma de la nueva realidad americana. Pero nada más que la
forma. El contenido lo fijó la realidad misma, la nueva realidad que se
empezó a constituir al día siguiente del colapso de la autoridad colonial.
Entonces empezó la contradicción” (ROMERO, 1986:53-54).
Contenido y forma no siempre
van de la mano. Un estudio de los escritos de los hombres que dirigieron el
proceso de emancipación que no se apoye en el seguimiento del proceso
revolucionario, puede llevar a engaño. Las formas del pensamiento y las
mentalidades de los sectores dirigentes se nutrieron y expresaron a través
de las ideas de su tiempo, pero su aplicación a la realidad americana les
otorgó un contenido propio, que sólo es inteligible a la luz del análisis de
los hechos. Por eso es importante no sacar las ideas de su contexto, ya que
en ese caso, su verdadero contenido histórico en el proceso de emancipación
americano quedará sepultado bajo el contenido que esas formas de pensamiento
tienen en relación con las experiencias europeas que les dieron origen.
“Con esta salvedad debe
entenderse el contenido de la casi totalidad del pensamiento escrito de los
hombres de la Emancipación. Expresó el conjunto de modelos preconcebidos
para una realidad que se supuso inalterable, pero que empezó a transformarse
en el mismo instante que ese pensamiento fue formulado. Eran modelos que
tenían un pasado claro y conocido, pero que tuvieron un futuro incierto y
confuso” (ROMERO,
1986:55).
Simón Bolívar es un
protagonista excluyente de ese período. Su propia experiencia es un
testimonio de la compleja interacción entre el mundo del pensamiento y el
vértigo de la realidad en transformación.
Discurso utópico: crítica y proyección
Analizando los textos que
recogen el pensamiento de Bolívar en íntima relación con el devenir de los
sucesos, se llega a una primera constatación: el pensamiento bolivariano
presenta, inicialmente, ciertos rasgos utópicos que irán desapareciendo para
dar paso a una profunda desilusión final. ¿De qué modo se corresponden este
itinerario del pensamiento de Bolívar y el desarrollo de los acontecimientos
americanos?
Desde este eje, se intentará
acceder e interpretar a Bolívar y a su tiempo, a través de un recorrido por
su pensamiento: “el análisis histórico consiste precisamente en estudiar
cuál es la relación, compleja y dialéctica, entre la estructura real y la
ideológica, o sea entre las cosas, lo que hay, lo que pasa, y la imagen que
el individuo se hace de ellas y el proyecto que imagina a partir de esa
imagen” (ROMERO, 1987:24).
La relación entre realidad e
imagen es particularmente visible en el caso del pensamiento utópico.
Debemos partir de la distinción entre “utopía” como género narrativo o
literario y la dimensión utópica del discurso, tal como se manifiesta en el
discurso político. En este sentido, se puede hablar de una “función utópica
del discurso”, que expresa una determinada concepción del mundo dentro de un
contexto histórico. La función utópica del discurso político se establece en
una doble instancia: la crítica y la proyectiva.
Por su modalidad crítica, se remite a la realidad planteando la exigencia y
necesidad de cambio. En este sentido el discurso utópico se constituye como
antagónico de las ideologías hegemónicas y del statu quo social y político.
La instancia crítica cuestiona la realidad y los discursos que la configuran,
y a partir de allí establece un nuevo punto de partida que se construye a
través de una nueva identidad: “el discurso de la emancipación americana
ejerce explícitamente la función crítica de la utopía tanto en la
configuración de un diagnóstico negativo de los esquemas tradicionales de la
vida colonial, como en la elaboración de un programa que suponía la
emergencia de un sujeto político en ruptura con las formas vigentes de
identidad” (FERNÁNDEZ, 456).
Sobre esa base que proporciona
la función crítica del discurso utópico, se establece un proyecto
alternativo y superador. Esa dimensión proyectiva que anticipa el futuro y
lo presenta como ideal a alcanzar, no es un paso posterior, ya que forma
parte del discurso que critica la situación vigente. Las dos dimensiones, la
de crítica y la de proyección, no son sucesivas sino simultáneas, ya que se
implican mutuamente: no hay crítica sino a partir de una realidad superadora
que deja al descubierto las falencias del statu quo; por otra parte, si no
se experimentan las limitaciones de una situación dada, no se construye el
proyecto alternativo.
Es importante tener en cuenta
que el proyecto supone y cuenta con la posibilidad de su realización. En el
lenguaje vulgar, “utopía” alude muchas veces a lo que no es posible, a un
ideal apetecible pero irrealizable: un “no-lugar”. Pero en el caso de la
función utópica del discurso político, la posibilidad de concreción del
proyecto forma parte de su naturaleza. Su eficacia en la crítica y
proyección –más allá de su concreta realización fáctica posterior– depende
de sus reales posibilidades de concreción: “la función anticipadora del
futuro en el discurso independentista latinoamericano se pone de manifiesto
en la orientación de la realidad social cuestionada hacia un porvenir-otro y
en la atribución al sujeto de la capacidad de orientar la direccionalidad
del tiempo histórico y de imprimir un sentido al presente y al futuro” (FERNÁNDEZ,
462).
Desde estas categorías,
recorreremos el pensamiento bolivariano, ya que “la validez
epistemológica de este recurso resulta particularmente importante para el
estudio de las ideas latinoamericanas en el siglo XIX, por cuanto éste fue
el escenario de confrontaciones ideológicas, que el tiempo ha mostrado –en
la multivocidad de lecturas– extremadamente ricas”
(JALIF DE BERTRANOU, 421).
Sobre este trabajo
De acuerdo a esto, en la
primera parte del trabajo analizaremos las dimensiones crítica y proyectiva
del discurso político de Bolívar. En la segunda parte, seguiremos el
trayecto histórico a través del cual Bolívar intenta la ejecución progresiva
de su proyecto, y, en la tercera parte, se analizará cómo y por qué su
pensamiento utópico deja paso a una profunda decepción.
Transitando este camino,
esperamos arribar al objetivo principal del trabajo: obtener una mayor
comprensión del movimiento de independencia y organización de las naciones
americanas a través de un acercamiento al pensamiento de Bolívar.
El material a analizar es
propio de un hombre de acción, no de un académico. Por tanto, su carácter es
ocasional, práctico, discontinuo y asistemático:
“Es imposible presentar su
pensamiento político aislado de los hechos, pues no fue un puro teórico de
la política, sino un hombre de acción –cierto que con una amplia cultura
política–“
(SORIANO, 15).
Este estudio no pretende ser
una sistematización sincrónica y temática, sino una lectura diacrónica de su
pensamiento, la cual, además de constituir un paso indispensable para situar
sus ideas en relación con su realidad, ofrece un eficaz criterio
hermenéutico para acceder al período.
El valor de las fuentes
escogidas permite, junto a un mayor conocimiento de la época, una mejor
comprensión de la realidad y la identidad latinoamericana a partir de la
profundización en acontecimientos fundacionales de su organización política
independiente. Este trabajo pretende ser una presentación que estimule
ulteriores lecturas, despierte preguntas y sea útil tanto para estudiantes
como para docentes.
Se ha optado por citar
textualmente "in extenso" al propio Bolívar, de manera que el lector pueda
vincularse directamente con su pensamiento. Por eso, en el texto principal
se prioriza la exposición y análisis de la palabra de Bolívar.
El cuerpo de notas es bastante
extenso, probablemente más de lo que se acostumbra en este tipo de estudios,
pero se justifica en orden a enriquecer el abordaje al período: en el
aparato erudito no sólo se encuentran las fundamentaciones de la
investigación, sino que se ha buscado facilitar el contacto del lector con
distintos autores e interpretaciones en los que se manifiesta el estado de
la cuestión, se plantean otras temáticas y perspectivas conexas, y se
promueve una mayor profundización a través de la selección bibliográfica.
Breve cronología de los acontecimientos
fundamentales y las principales
expresiones del pensamiento de Bolívar entre 1810 y 1830
-
Venezuela: revolución,
independencia y constitución (1810-1811)
-
Caída de la primera
república (1812)
-
Manifiesto de Cartagena
(1812)
-
Nueva ofensiva: Guerra a
muerte, campaña admirable y reconquista de Caracas.
-
Lucha social y derrota
(1813-1814)
-
Manifiesto de guerra a
muerte de Trujillo (1813)
-
La expedición enviada por
el rey y exilio de Bolívar (1815)
-
Cartas a Wellesley y
Hyslop (1814-1815)
-
Carta al editor de la
“Gaceta de Jamaica” (1815)
-
Carta de Jamaica (1815)
-
Haití / campaña en la
costa oriental / Haití (1816)
-
Retorno a la lucha y
período de construcción de Colombia (1817-1822)
-
1818: Angostura
-
Discurso de inauguración
del congreso de Angostura (1819)
-
1819: Bogotá (Boyacá)
-
1821: Caracas (Carabobo)
-
Congreso de Cúcuta y nueva
constitución
-
1822: Quito (Bomboná y
Pichincha)
-
Lucha en Perú y Alto Perú
(1823-1826)
-
1824: Victoria definitiva
(Junín y Ayacucho)
-
Consolidación de la
independencia
-
1825: Reconocimiento
británico a las nuevas naciones
-
Organización del congreso
de Panamá
-
Discurso al congreso
constituyente de Bolivia (1826)
-
Disolución de su obra
(1826-1829)
-
Carta a Santander (1826)
-
1826: Fracaso del congreso
de Panamá
-
1826-1830: Caracas vs.
Bogotá
-
1827-1829: peruanos vs.
colombianos
-
1828-1830: liberales vs.
bolivarianos
-
1829-1830: Dictadura de
Bolívar
-
Discurso a la convención
de Ocaña (1828)
-
Renuncia, marcha hacia el
exilio y muerte (1830)
-
1830: Caracas y Quito se
separan de Colombia
-
Discurso al congreso de
Colombia (1830)
-
Una mirada a la América
Española (1830)
-
Cartas a Urdaneta, Vergara
y Flores (1830)
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier
reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso
correspondan.